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Y yo esperaba cuando fuera madre ser como ella, y no. Cuando mis hijos no encuentran algo me acuerdo de ella y de su frase: “¿A qué voy yo y lo encuentro?... y yo digo la frase como un mantra, incluso muevo la cabeza igual que lo hacía ella, y voy confiada, y no encuentro una mierda.

Y esa mirada gélida. Esa manera de mirar que me hacía parar al instante. No necesitaba decir nada sólo esa mirada especial que asustaba al mismísimo diablo, esa mirada en la que veías tu futuro muy negro si no hacías caso. Ya es definitivo, yo no tengo la mirada. Yo a mis peques les miro con “mi mirada aterradora” y ellos paran, me miran, sostienen la mirada y siguen a su rollo, como si nada. Y paso al plan B: les digo que cuanto hasta tres para que paren (esto último a otros padres les funciona, mi madre con la mirada ya tenía bastante), sinceramente, puedo contar hasta tres o hasta tres mil. Tengo el record de contar en 387.

¿Y los tupper´s? La mía mama los tenía perfectos. En mi casa el día que encaja una tapa con el tupper se me saltan hasta las lágrimas de la emoción. Que desastre. Por no hablar de los calcetines. Me flipan los calcetines y los cuido, y los mimo y los pierdo todos. O mi lavadora se los come o hay un duende bromista en mi casa que me roba solo un calcetín de cada par. Y así me veo, con un calcetín de cada color porque me da pena tirarlos y guardo la esperanza eterna de encontrarlos, porque creo en el amor y espero confiada que los calcetines que han sentido conexión sean capaces de superar todas las dificultadas para estar juntos, soy una romántica… y una tonta, con los calcetines no funciona.

Ella decía: ¡Te vas a caer! Y yo al minuto me caía, era matemático.Cuando sea madre seré lista

Y así, con el paso de los años he descubierto que aunque no me encajan las tapas y los tupper´s ni tengo emparejados los calcetines si  soy capaz de anticiparme a cuando mis peques les va a pasar “algo horroroso”. Y he descubierto que si que tengo “la mirada aterradora”, al menos con otros niños, con esos “niños malvados y pérfidos” que se atreven a llamar fea a mi niña (¡A ella que es preciosa!). A ese niño de cuatro años lo miré y no fue capaz de decir nada más.Y tengo el “abrazo mágico”, que para eso soy la pera limonera, abracé a mi princesa y todo pasó… No me habré hecho más sabia con los años, pero eso sí, cada vez soy más mágica.

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