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El otro día mi hija de 3 años me preguntó cuándo iba a encontrar a su Príncipe Azul. Si, ella es así, no sé muy bien por qué la pequeña de la familia me ha salido tan cursi. Adora las princesas, el rosa, los lazos, los vestidos, peinarse y maquillarse (se peina y maquilla a su manera, eso sí, el sentido estético aún lo estamos trabajando).

En fin, me preguntó por su Príncipe Azul porque quería ser feliz. ¡Toma ya! Y se quedó tan pancha la niña. Y en un segundo pasó por mi cabeza imágenes de la manifestación del 8 de Marzo, todas las veces que he tenido miedo a ir sola por la calle y todos esos comentarios machistas que todas hemos oído y que tanto me enfadan. Y me enfadé con ella y con el señor Disney…mucho…muchísimo. Le expliqué que ella es estupenda, que ella va ser feliz haciendo lo que quiera, llegué a decirle que a los Príncipes les olían los pies (como a todos en realidad, pero bueno) y que ella era fuerte, que no necesitaba a un príncipe a su lado NI A NADIE.

¿Todo eso es verdad? ¿No? ¿O no? Porque yo con mis más de 30 años he descubierto hace poco que tampoco pasa nada por tener un Príncipe Azul a tu lado (o verde, vaya, que los colores me importan menos). Y he descubierto que tampoco pasa nada si no lo tienes, que por fin todas (y todos) vamos avanzando.

¿Qué pasa si quiero que alguien me salve un rato? ¿Pasa algo si tengo un Príncipe a mi lado y con él soy aún más feliz? Porque se puede ser feliz sola, pero también acompañada, jolín, que al final a las mujeres nos va a dar hasta pudor decir que queremos un compi a nuestro lado. No cualquiera, eso sí, un príncipe bueno y no hace falta que tenga capa, ni espada ni caballo (aunque si tiene moto, bici o coche mola más) ni siquiera es necesario que tenga Castillo, con pagar la hipoteca juntos me parece suficiente.

Quizá sea que estoy en un punto en el que me he cansado de ser fuerte o quizá (sólo quizá) nunca lo haya sido tanto. O quizá hay que intentar no dar tanta importancia a las cosas. Si a mi peque le apetecía un Príncipe hace una semana, pues vale, es posible que dentro de un mes le apetezca ser bailarina o astronauta. Quizá sea que la culpa no es del Príncipe, ni de tenerlo o no tenerlo. Quizá cuando estás completa contigo misma, con tu vida y tu vivir estas dispuesta a tener a alguien a tu lado que añada a tu vida y el problema no sea del Príncipe si no tuyo por no sentirte completa. Si, sola soy la pera limonera pero no pasa nada tampoco por reconocer que me gusta que me cuiden, de vez en cuando.

Ayer me dijo que quería una hermana, ¡Socorro pensé!, y era sólo porque en Frozen son dos hermanas. Nada, le expliqué que si tuviera una hermana ahora sería un bebé y como ella quería una hermana de su edad y eso es imposible prefirió que le comprara un bollo. Hoy ella es cursi y zampona, con un bollo arreglamos casi todo, mañana veremos… ¿Y yo? Pues yo, eso, aunque soy fuerte y puedo sola estoy dispuesta a dejarme cuidar (si alguien se atreve claro).

Mi Principe y yo

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