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Desde niña siempre me han dicho que “la imagen no importa”, que “la belleza está en el interior” y  que “la verdadera belleza está en los ojos del que mira”.

Por otro lado también me han dicho siempre que “la suerte de la fea la guapa la desea” y que “más vale fea con gracia que guapa y necia” y…en fin, que parece que por un lado no es importante la imagen y por otro parece que las guapas solo por ser guapas tienen que ser tontas o tener mala suerte vaya. ¡Maldito refranero!

Pues mira, yo me resisto. Me gusta sentirme bien, cuidarme y sentirme guapa y no me apetece nada de nada ni tener mala suerte ni ser tonta ¡Qué leches! Que parece que tenemos que pagar un canon extra por ser una niña mona.

Ya tenemos bastante con tener que demostrar 2 o 3 veces más que nuestros compañeros masculinos para que encima tengamos que demostrar más también que nuestras compañeras que se cuidan menos. No me parece. Y ojo, que no estoy hablando de bellezas de pasarela, que no lo soy (ojalá, pero mira no). Hablo de una cosita normal, de cuidarme, hacer un poquito de deporte, pintarme el ojo y elegir la ropa que me sienta mejor.

En el trabajo me pasa lo mismo. Me gusta mi trabajo y me gusta sentirme bien en él y verme guapa. Si, lo siento, soy así. Paso mucho tiempo en el trabajo, imagino que como la mayoría de vosotros ¿no? Y me gusta verme bien siempre.

Ojo, que no critico a los que no opinan como yo, sólo que no lo entiendo. Hace unos días hablaba con una amiga que me decía que ella para ir al trabajo no se maquillaba, total, que no servía para mucho… ¿servir?…

Yo me cuido y me pinto la raya del ojo aunque no sirva para nada porque me gusta verme bien, siempre, y en el trabajo también y porque aunque soy igual de lista (o de tonta) con la cara lavada que con la cara maquillada yo me encuentro más cómoda así. ¡Ea!

Reconozco que con la maternidad cuesta estar guapa. Las ojeras se apoderan de tu cara los primeros años de vida de tu peque y luego tu cabeza se llena de canas a base de sustos (¿Es necesario que pasen rozando con la sien todas las esquinas?). Por no hablar de los tacones que descarté al principio para poder correr detrás del pequeño inconsciente que tengo por hijo. Me olvidé de usar pendientes y anillos/pulseras, para no hacerle daño al cogerle y para que no me arrancara los lóbulos de las orejas con sus adorables manitas. Pero luego, poco a poco, lo fui recuperando…y aquí estoy, subida a mis tacones día sí día no y la mar de contenta.

¡Desde aquí propongo acabar con el Refranero! Siiiiii, ya sé que hay problemas más importantes que acabar con el refranero. Que no me estoy volviendo loca ni voy a hacer una huelga por esto (y mucho menos huelga de hambre, porque cuidarme me cuido, pero eso de la dieta sigue siendo una asignatura pendiente en mi vida).

Sólo digo que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” sea verdad, yo que me considero una niña mona prefiero ir con un traje de seda, entallado, bonito y que me siente bien que ir con cualquier cosa. Y seguiré siendo una mona, pero una mona la mar de feliz, porque cuidarse se trata de eso ¿no? De verse bien y de ser feliz.

P.D. La niña mona de la imagen soy yo.Nina Mona 2

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