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Debo confesar que trabajo en Clínica Dental, lo cual también ayuda bastante en que yo me pueda explayar hablando. Cuando tengo al pobre paciente aterrorizado (todos vamos al dentista con miedo) y con la boca abierta, sin escapatoria y sin posibilidad de réplica me pongo a hablar. De todo, no tengo filtro. Pero lo cierto es que muchas veces me dicen que consigo que el rato del dentista sea más ameno. No sé si será verdad o no o si el pobre lo dice para que me calle.

¡Y mira que hablo! Pero creo que hay temas que es mejor no tratar. En la entrada que publiqué ayer en Winder (os lo enlazo por si os apetece), explicaba que cuando estás de cervecitas con tus amigos es una faena que se pongan a hablarte de dientes, de tratamientos dentales y de lo mal que lo pasaron en el dentista. Chicos y chicas, es un latazo.

Y para eso las mujeres somos especialmente insistentes en hablar y hablar de temas que no a todos les interesa. El tema del embarazo es de los más recurrentes, y lo que es peor… ¡el parto! ¡¡¡SOCORRO!!! Y nos lo contamos entre nosotras, a ellos les ahorramos el martirio. De verdad chicas, no es buena idea dar detalles de cómo dilatabas, ni de cuánto te dolía, ni de en qué momento del parto sentías que te desgarrabas y te ibas a morir…no hay necesidad. Si no has parido se te quitan las ganas y si ya has parido ya lo sabes, entonces ¿para qué?

Parece que las mujeres estamos “hermanadas” sólo por el hecho de haber parido. Tu vecina del quinto te saluda de mala gana cuando te ve en el ascensor pero chica, es verte con tu bebé y te cuenta su parto ¿Por qué? Y te explica cómo tienes que criar a tu bebé, si es mejor la leche de fórmula o la lactancia materna. Ella no te conoce de nada, ni a ti, ni a tu bebé ni vuestras circunstancias. Tampoco es pediatra pero sabe lo que es mejor para ti y tu retoño.

¡Bendito Facebook, Instagram y demás redes sociales! No sólo nos han puesto en contacto con compañeros del cole que hace más de 20 años que no vemos, también nos han ahorrado tener que ver las 500 fotos de la boda de tu prima. Porque ese es otro tema que me aburre, que me cuenten su boda. Si, la misma boda en la que he estado comiendo langostinos y bailando la conga, pero que tu amiga parece olvidar tu presencia en ella para volver a contar el evento con todo lujo de detalles y te enseña una y mil veces las mismas fotos, con las mismas poses que utilizan todos los novios. Esas fotos que ni el mismo novio vuelve a ver y con las que a ti te martiriza mientras él y tu chico hablan de fútbol. Que conste que tampoco me gusta hablar mucho de fútbol, pero en estos casos lo prefiero.

¿Y después de la boda y el parto? Toca sin remedio contar al detalle los mini-progresos de tu vástago en el grupo de WhatsApp de las amigas. Y se llena, en el mejor de los casos, de fotos de niños mofletudos y en el peor de los casos de vídeos extra-largos de esos mismos niños mofletudos. Contamos todos sus avances: “hace pipi”, “hace popo”, “dice papa”, “come pan”, “come fruta”… Y adiós a la memoria de tu teléfono.

Por eso desde aquí quiero pedir perdón a mis abnegadas amigas, a todas esas a las que mandé un “book” con los avances de mi tripón, mes a mes según iba engordando. A esas santas que soportaron estoicas mis dudas de sobre los cereales (decidir si gluten o no gluten puede llegar a atormentarte) y sobre todo a esas súper amigas que a pesar de que no tienen hijos y no saben lo que son las estrías ni el dolor de pezones quieren a mis hijos con locura. A esas que quieren a Dudu y Valle con pasión, las mejores tías del mundo pese a que mis hijos tienen una madre plasta y charlatana.

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